Y siguen llegando
En el disco externo de mi notebook tengo 563 libros en pdf. Muchos de ellos no sé cuándo los bajé ni de qué página web. Tampoco sé quién fue el alma caritativa que los escaneó y los subió. El pdf tiene algo de anónimo. Los libros de mi biblioteca, mis libros de mi biblioteca, jamás podrían serlo. Mi biblioteca está ordenada por secciones. Arriba de todo, lo que llamo “literatura general”. En el medio, todo lo que sean “ciencias y disciplinas”, en plural. Abajo de todo, un estante con libros antiguos que conseguí en ferias y casas de antigüedades. Cada sección está ordenada de la A a la Z, pero llega un momento en que los libros aplastan toda clasificación. Tengo un cómic sobre la historia de la lógica proposicional, Logicomix , que puse entre Fontanarrosa y Galeano. Memorias de un pigmeo , de Hebe Uhart, estuvo mucho tiempo en la parte de “ciencias” porque el libro me pareció un genial ejercicio de etnografía. Los dos tomos de La Segunda Guerra Mundial de Winston Churchill, mi última ...